Una palabra nacida para las manos
Sí, se puede ser ambidiestro con los pies, y la palabra es la correcta. Ambidiestro viene del latín ambi- ("ambos") y dexter ("derecho"), es decir, dos manos derechas: nació para las manos, pero la RAE la define hoy para las dos cosas, quien usa con la misma habilidad la mano izquierda y la derecha o el pie izquierdo y el derecho. La historia completa de la palabra está en ambidiestro: significado.
Hay quien propone ambípedo, calcado de ped-, pero no lo usa prácticamente nadie. En el fútbol se dice simplemente jugador ambidiestro, o que domina las dos piernas, y está perfectamente bien: el idioma decide solo qué se queda.
Lo que importa de verdad no es el nombre. Es que la mayoría de la gente tiene un pie dominante mucho más marcado de lo que cree — y que el débil se entrena mejor de lo que imaginas.
Por qué las dos palabras no son simétricas
Hay una curiosidad escondida en la etimología que me parece preciosa.
Dexter, en latín, no significaba solo "derecho": quería decir también favorable, hábil, afortunado. Su contrario, sinister, significaba "izquierdo" y además desafortunado, de mal augurio. De ahí vienen palabras como destreza y siniestro.
Así que llamar ambidiestro a alguien es, literalmente, atribuirle dos manos buenas. Dos manos con suerte.
Para los pies no existe nada parecido. Ped- es una raíz puramente anatómica, sin juicios morales incorporados. En Roma nadie pensaba que un pie valiera más que el otro.
Y eso dice algo muy concreto sobre cómo tratamos las dos mitades del cuerpo: llevamos siglos juzgando las manos e ignorando los pies por completo. Es exactamente por eso que la dominancia podal se comporta de forma tan distinta a la manual.
Qué tan raro es usar bien los dos pies
Aquí los datos son sorprendentemente buenos. Un metaanálisis de 2020 reunió 164 estudios y 145.135 personas para estimar cómo se distribuye la dominancia podal[1]. Según lo estricta que sea la definición, entre el 12,1% y el 23,7% de las personas no es claramente diestra de pie.
Compáralo con las manos: los zurdos rondan el 10,6%, y solo alrededor del 2% de la gente dice usar las dos manos por igual[3] — y aún menos son igual de hábiles en todo.
La diferencia es la parte interesante. Usar los pies de forma mixta es mucho más común que usar las dos manos por igual. El mismo metaanálisis sitúa la lateralidad mixta de pies en torno al 20% de las personas — el 18% de los adultos, el 26% de los niños[1] — frente a ese 2% que dice usar ambas manos. Un motivo probable es casi vergonzoso de tan simple: la escuela te obligó a elegir una mano para escribir. Nadie te obligó nunca a elegir un pie. Los propios autores señalan que la cultura influye muy poco en el pie, mientras que en la mano pesa muchísimo.
Tus pies, dicho de otro modo, nunca fueron disciplinados. Conservaron una apertura que tus manos perdieron a los cinco años.
Hay una segunda razón por la que los investigadores se interesan por los pies.
Precisamente porque la dominancia podal escapó a la presión cultural que moldeó la manual — ningún maestro corrigió jamás el pie de un niño — podría ser una ventana más limpia a cómo está organizado realmente tu cerebro.
Un estudio muy citado encontró que la dominancia del pie predecía la lateralización emocional mejor que la de la mano[2].
Tus pies, al parecer, son más sinceros que tus manos.
Diestro de mano, zurdo de pie
Y ahora el dato que sorprende a casi todo el mundo, a mí el primero cuando lo leí.
La dominancia cruzada no se reparte de forma uniforme. Entre los zurdos, alrededor del 60% es también zurdo de pie. Entre los diestros, en cambio, solo un 3% aproximadamente patea con la izquierda[1].
Si eres zurdo, tus pies casi siempre siguieron a tus manos. Si eres diestro, también — pero una porción considerable de diestros, alrededor de uno de cada cinco, vive en esa zona mixta donde se usan pies distintos para tareas distintas, sin haberse dado cuenta nunca[1].
Ese grupo intermedio es el que me interesa, porque incluye a mucha gente convencida de ser completamente diestra que no lo es. Puede que patees con la derecha, te equilibres mejor sobre la izquierda y pares el balón con el pie que llegue primero.
Una prueba que puedes hacer ahora mismo: levántate y sube un escalón. ¿Qué pie sale primero? Después intenta mantenerte sobre una sola pierna, con los ojos cerrados, treinta segundos por lado. La diferencia suele ser más evidente de lo que esperas.
Si quieres un panorama más ordenado, el test ambidiestro mide las manos en un par de minutos — y el patrón que revela suele ser el mismo que siguen los pies.

Por qué los futbolistas son la excepción
Los deportistas son distintos, pero no como te imaginarías. El mismo metaanálisis encontró que la zurdera de pie es más frecuente entre atletas, un 20% frente al 11% del resto de la gente, pero ninguna diferencia en la lateralidad mixta[1].
Eso apunta a la selección: un jugador de izquierda es escaso y por tanto valioso, así que llegan más arriba. El volumen de entrenamiento, por sí solo, no aparece en los números. Un profesional, a los dieciséis años, ya ha pateado un balón más veces de las que nosotros lo haremos en toda la vida, y los entrenadores insisten con la pierna débil sin piedad — porque un jugador de un solo pie es un jugador predecible — y aun así la preferencia se mantiene.
Aun así, los verdaderos ambidiestros siguen siendo escasos: de 236 jugadores del Mundial de 1998, muy pocos usaban las dos piernas con la misma frecuencia[5]. Si ni siquiera entre los profesionales la mayoría desarrolla del todo el segundo pie, eso te dice algo honesto sobre el trabajo que hace falta.
Lo he contado con más detalle en ser ambidiestro en el fútbol, con nombres concretos.
Cómo entrenar el pie débil
Se puede, y sale mejor que con la mano débil.
Escribir es una tarea de precisión altísima: tu mano dominante tiene décadas de programación fina que la otra no tiene. Patear, empujar y equilibrarse son en cambio habilidades motoras gruesas. La distancia de partida entre tus dos pies es menor, así que debería cerrarse más rápido.
También hay una ayuda real del sistema nervioso: entrenar un movimiento con un miembro produce mejoras medibles en el miembro contralateral no entrenado — la transferencia intermanual, documentada sobre todo en manos[4] y estudiada también en las piernas, con el nombre de educación cruzada[6].
Prepárate para dos o tres semanas de torpeza. Prepárate para sentir que esa pierna es de otra persona. Esa sensación es justamente la señal de que estás aprendiendo.
Cuatro ejercicios para el pie débil
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Mantente en equilibrio. Sobre una pierna, descalzo, 60 segundos por lado, ojos abiertos. Cuando se vuelva fácil, ciérralos. Es el ejercicio más barato y más útil de la lista.
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Pases contra la pared. Diez minutos, solo pie débil. No potentes: precisos. Elige un ladrillo y sigue apuntando ahí.
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Las escaleras. Sube cada escalón empezando por el pie débil, durante una semana. Se te olvidará constantemente: da igual, vuelve a empezar.
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Recoge con los dedos. Levanta un calcetín del suelo con los dedos del pie débil, diez veces al día. Absurdo, ligeramente humillante y sorprendentemente eficaz.
Diez minutos bien hechos ganan a una hora hecha con cansancio. La constancia lo es todo.
La misma lógica vale para las manos: si quieres la colección completa, está en los ejercicios para volverse ambidiestro.
¿Has probado a entrenar tu pie débil? Si te ha servido, compártelo con un compañero de equipo que solo chuta con un pie.
Ambas manos, ambos pies
Entrenar el pie débil enseña algo que va mucho más allá del fútbol: el lado del cuerpo que has ignorado no es incapaz, solo está sin entrenar.
Ese descubrimiento es lo que me metió en este camino. Empecé por las manos, esperando muy poco, y encontré un nivel de control que daba por imposible. Los pies vinieron después, y más fácil.
En mi libro "Cómo volverse ambidiestro" he ordenado todo el recorrido: un test de evaluación inicial, decenas de ejercicios graduales para escritura, dibujo y coordinación, y un programa día a día para convertir tu lado no dominante de pasajero en compañero de viaje.
Es la guía que me habría gustado tener cuando empecé.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se le dice a alguien que usa los dos pies?
Se dice ambidiestro: la palabra viene del latín dexter y nació para las manos, pero la RAE la define también para quien usa con la misma habilidad el pie izquierdo y el derecho. El término ambípedo, que algunos proponen, prácticamente no se usa. En el fútbol se habla de jugador ambidiestro o que domina las dos piernas.
¿Cómo saber cuál es mi pie dominante?
Sube un escalón y observa qué pie sale primero, luego mantente sobre una sola pierna con los ojos cerrados durante treinta segundos por lado. La diferencia de estabilidad suele ser clara. El pie con el que pateas no coincide necesariamente con el que te sostiene mejor.
¿Se puede entrenar el pie débil?
Sí, y normalmente más rápido que la mano débil. Patear y equilibrarse son habilidades motoras gruesas, así que la distancia inicial entre tus dos pies es menor. Con diez minutos diarios de equilibrio y pases se notan cambios en pocas semanas.
¿Se puede ser diestro de mano y zurdo de pie?
Sí, aunque es mucho más frecuente al revés. Alrededor del 60% de los zurdos es también zurdo de pie, mientras que solo un 3% de los diestros patea con la izquierda. Eso sí, cerca de uno de cada cinco diestros entra en una zona mixta y usa pies distintos para tareas distintas.
¿Cuántos futbolistas son realmente ambidiestros?
Muy pocos. Entre deportistas la zurdera de pie es más frecuente, pero la lateralidad mixta no: en un análisis de 236 jugadores del Mundial de 1998, casi todos tenían una pierna claramente preferida y muy pocos usaban las dos con la misma frecuencia. Incluso entre profesionales la segunda pierna se entrena, pero rara vez llega a igualar a la primera.
- Four meta-analyses across 164 studies on atypical footedness prevalence and its relation to handedness
- Footedness is a better predictor than is handedness of emotional lateralization
- Genome-wide association study identifies 48 common genetic variants associated with handedness (Cuellar-Partida et al., 2021)
- Specialization in interlimb transfer between dominant and non-dominant hand skills
- Footedness in world soccer: an analysis of France '98 (Carey et al., 2001)
- Neural pathways mediating cross education of motor function (Ruddy & Carson, 2013)