Ejercicios para ser ambidiestro: 5 hábitos diarios

Anatómicamente hablando

¿En tu escuela también teníais un maniquí en el laboratorio de ciencias? Nosotros teníamos uno clásico: el esqueleto para ver los huesos, y otro con la piel transparente, donde se podían ver también los órganos internos.

El cerebro siempre era la parte más fascinante de observar. Una fisura central, llamada cisura interhemisférica, lo divide en dos mitades simétricas, haciéndolo parecer —no por casualidad— a una nuez. Pero bajo esa forma perfectamente bilateral, se esconde un mecanismo mucho más complejo de lo que se pensaba antiguamente.

Los dos hemisferios

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Imagen de ElisaRiva en Pixabay

El cerebro humano está dividido en dos hemisferios conectados por una estructura llamada cuerpo calloso, una densa red de fibras nerviosas que permite el paso de información de una parte a la otra.

Durante mucho tiempo se difundió la idea de que cada hemisferio tenía funciones exclusivas:

  • El izquierdo sería la sede de la lógica, el lenguaje y el pensamiento analítico.
  • El derecho, en cambio, gestionaría la creatividad, la intuición y la expresión artística.

En realidad, esta división es una simplificación excesiva[1]. Las neurociencias modernas han demostrado que la mayoría de las funciones cognitivas complejas involucran a ambos hemisferios de manera complementaria.

Es cierto que existen especializaciones locales: por ejemplo, el lenguaje tiende a estar lateralizado a la izquierda en gran parte de la población. Pero cuando compones música, dibujas o haces cálculos, no estás usando "solo" una mitad del cerebro. Las redes neuronales se activan de manera distribuida, creando un diálogo constante entre las dos partes.

Una cuestión de hábitos

El camino más eficaz para volverse ambidiestro pasa por pequeños cambios cotidianos. No se trata de revolucionarlo todo, sino de introducir micro-ejercicios en tu rutina, para estimular de una manera nueva la mente y el cuerpo.

Usar la mano no dominante te obliga a ralentizar, a prestar más atención, a salir del automatismo. Y justo en ese momento, cuando te parece que te cuesta coger un tenedor o escribir una letra, tu cerebro empieza a aprender de verdad. El movimiento es nuevo, así que exige toda tu atención, y es la repetición la que lo convierte en una habilidad.

Escribir con la otra mano

Uno de los ejercicios más eficaces es también uno de los más sencillos: escribir con la otra mano.

Ya sea una lista de la compra, el diario de viaje o simplemente tu nombre, prueba a hacerlo usando ambas manos. Escribe una frase con la derecha, luego una con la izquierda. O alterna palabra por palabra.

No te preocupes por la caligrafía al principio: no es un concurso de estilo. Es un ejercicio de atención y coordinación.

Y parte del trabajo rinde dos veces: lo que practicas con una mano pasa en parte a la otra. En un pequeño estudio, cinco días de entrenamiento con una mano hicieron que la mano no entrenada mejorara en varias tareas cotidianas[2].

Pequeños hábitos para la otra mano

Aquí tienes algunas acciones cotidianas que puedes probar a realizar con la mano no dominante:

  • Lávate los dientes con la mano contraria.
  • Lava los platos sujetando la esponja con la mano no dominante.
  • Usa el ratón del ordenador con la mano no dominante durante unos minutos al día (o incluso en días alternos).
  • Come intentando usar los cubiertos “invertidos”.

El ejercicio con el ratón tiene una ventaja práctica. En un estudio, quienes pasaron el ratón a la izquierda del teclado redujeron la apertura del hombro y la flexión de la muñeca, y en un mes eran más rápidos y les resultaba más fácil — aunque todavía algo más lentos que con la derecha[3].

El ejercicio de los cubiertos tiene un efecto secundario que vale la pena conocer: apaga el piloto automático. En un estudio, quienes comían palomitas en el cine por costumbre seguían comiéndolas aunque estuvieran rancias — salvo cuando tenían que comerlas con la mano no dominante[4].

Recuerda: la clave es la constancia. Bastan unos pocos minutos al día. Al principio podrías sentirte torpe, pero es precisamente esa pequeña incomodidad la que señala que tu cerebro está aprendiendo algo nuevo.

Prueba estos ejercicios durante unas semanas y, si te han servido, ¡compártelos con alguien que quiera entrenar su otra mano!

Tu programa completo

Estos pequeños hábitos son como el aperitivo: abren el apetito de tu cerebro y te hacen saborear el potencial sin explotar que se esconde en tu mano menos usada.

Si ahora te sientes listo para sentarte a la mesa para la comida completa, he preparado para ti un menú entero.

En mi libro "Cómo volverse ambidiestro", he creado un programa de entrenamiento estructurado que te guía día a día. No solo encontrarás decenas de ejercicios específicos para la escritura, el dibujo y la coordinación, sino también un test completo para medir tus progresos y un capítulo sobre cómo aprende el cerebro movimientos nuevos.

¿Quieres centrarte en una sola habilidad? La escritura es la que más satisface, y tiene su propia guía: escribir con la mano no dominante. Y si prefieres saber qué ocurre en el cerebro mientras entrenas, empieza por cómo entrenar el cerebro para mejorar la memoria.

Portada del libro Cómo volverse ambidiestro

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Preguntas frecuentes

¿Es mejor usar la mano izquierda o la derecha?

Usa la mano dominante para lo que mejor hace, y entrena también la otra. Una segunda mano capaz ayuda cuando la primera está ocupada o lesionada, y lo que practicas con una mano pasa en parte a la otra. No hay pruebas de que equilibre el cerebro ni de que te vuelva más inteligente: es una habilidad motora, y mejora con la práctica.

¿Cuáles son los beneficios de ser ambidiestro?

Entrenar las dos manos hace que la mano no dominante sea más precisa y coordinada, te ayuda cuando la otra está ocupada o lesionada y es un buen ejercicio de atención. En cambio, no hay pruebas de que te vuelva más creativo o más inteligente: es una habilidad motora y, como tal, mejora con la práctica.

¿Ser ambidiestro realmente cambia el cerebro?

Sí, como lo hace cualquier habilidad nueva. En estudios con resonancia magnética, unas pocas semanas de entrenamiento de la mano no dominante la vuelven más rápida y precisa, y el control del movimiento pasa del esfuerzo consciente a circuitos más automáticos. Es la plasticidad normal del cerebro que aprende un gesto.

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El universo solo tiene sentido cuando tenemos a alguien con quien compartir nuestras emociones (Paulo Coelho).